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Asfixia, órganos desplazados y costillas rotas. Los peligros del corset y ataduras de pies

Desde hace más de mil años existe la atadura de pies para las mujeres en China. Se usaba como un proceso «de belleza» en el que se amarraban los pies de las niñas para que no crecieran, provocando fuertes malformaciones e incluso haciendo que se quedaran sin poder caminar bien, por el resto de sus vidas.

Esto era realizado por los padres, ya que se usaban los pies como una forma de atraer potenciales maridos. En algunas partes se sigue realizando, sin importar que ese tipo de tradiciones ya estén en camino de extinguirse.


Por otra parte, el Corset fue un producto creado para tratar de mantener un estándar de belleza imposible de lograr. Impedía respirar apropiadamente, deformaba la cintura y cambiaba la posición de los órganos provocando fuertes daños a la salud. Asimismo, se atrofiaba la espalda al usarlo, y algunas feministas aseguran que su uso simbolizaba el constante poder masculino sobre el cuerpo de las mujeres.

Es increíble cómo aún existe una fuerte reticencia contra el Feminismo en los países latinoamericanos. Basta con mirar los comentarios de las personas en alguna de las publicaciones, que hablan sobre el tema, para notar que aún existen “¿hombres?” que creen que la violencia contra la Mujer no es tan importante y que, inclusive, se ríen cuando alguna de ellas, expone sus opiniones acerca de cómo el machismo ha reprimido al género femenino desde hace siglos.


Arriba, primeros corsés del siglo XVI. Abajo, corsés del siglo XVIII. Hoy todos ellos nos parecen aparatos de tortura

Aunque el corsé, tal y como lo conocemos, no se empezó a utilizar hasta el siglo XVI, en la edad media ya se empleaban los corpiños, armaduras o grandes cinturones, para ajustar bien las cinturas. A partir del Renacimiento, el corsé se establece en Europa como una prenda habitual femenina, que permanecería durante siglos. En la famosa corte italiana de los Médicis, las damas -ligeras cuales libélulas, al menos en sus idealizadas representaciones- exhibían un rígido torso encorsetado, marcando una silueta en triángulo invertido. Para conseguir este efecto, los corsés de entonces se realizaban con armaduras metálicas, tremendamente incómodas e insanas, y que provocaban gran presión a quienes las vestían.


Una compleja estructura

Al contrario de lo que hoy se piensa, los corsés no se vestían directamente sobre el cuerpo, sino que este se cubría primero con camisolas, blusones u otras vestiduras interiores, y luego encima de ellos se colocaba el corsé. Encima se vestían las prendas exteriores. Por ello, con el paso del tiempo, los trajes femeninos comenzaron a organizarse en torno a este elemento que no solo era una estructura fija y rígida que modelaba el cuerpo de la mujer con estructuras, maderas, cintas y telas, sino que además se complementaba con otros accesorios -como los polisones o miriñaques– que sostenían blusones, faldas y diversas piezas del vestuario. Total: la ropa femenina, organizada en torno al corsé, era un conjunto de telas y ropajes que a veces podía llegar a pesar kilos enteros.



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