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¿Por que los miembros amputados duelen a pesar de los años? El miembro fantasma en amputados

A pesar de que el brazo no está, la persona con "dolor del miembro fantasma" todavía siente como si tuvieran el brazo allí, que básicamente se siente dolorosa, como una sensación de ardor o como hipersensible al dolor, y los analgésicos convencionales no son eficaces como tratamiento.

Es un cuadro complejo que refieren casi dos tercios de las personas amputadas. El dolor es intenso y la sensación se hace tan insoportable que muchos de los pacientes piensan en el suicidio ante la terrible experiencia.


El problema es que, cuando un miembro se amputa, se seccionan los nervios y, estos, al intentar regenerarse, se ramifican desordenadamente y forman neuromas (engrosamiento del tejido nervioso en la parte del muñón), donde se origina el dolor. Sin embargo, la mayoría de las teorías contemporáneas centran el origen de estas sensaciones en el propio cerebro, que las generaría en su intento de mantener la actividad previa del miembro desaparecido. Algunos investigadores, incluso, han descrito que el cerebro puede reasignar la información sensorial que le correspondería al miembro ausente a otra parte del cuerpo. Por ejemplo, de un pie amputado a una mano sana. Así, cuando el paciente se toca la mano siente, además, el pie que le falta.

Investigadores de la Universidad de Osaka, el equipo de Seymour ha descubierto que una 'reorganización' del cableado del cerebro es la causa subyacente del dolor del miembro fantasma, que ocurre en la gran mayoría de las personas a las que se les han amputado las extremidades, y un potencial método para tratarla, que utiliza técnicas de inteligencia artificial. Los científicos utilizaron una interfaz cerebro-máquina para entrenar a un grupo de diez personas para que controlaran un brazo robótico con el cerebro. De esta forma, encontraron que si un paciente intentaba controlar la prótesis asociando el movimiento con su brazo perdido aumentaba su dolor, pero el entrenamiento para asociar el movimiento de la prótesis con la mano no afectada disminuyó su dolor.


Sus resultados, publicados en la revista 'Nature Communications', demuestran que en pacientes con dolor crónico vinculado a la amputación o la lesión del nervio, hay 'cables cruzados' en la parte del cerebro relacionada con la sensación y el movimiento y que mediante la reparación de la interrupción puede tratarse el dolor. Los hallazgos también podrían aplicarse a las personas que tienen otras formas de dolor crónico, como el dolor por la artritis.


Interfaz cerebro-máquina

En el estudio, Seymour y sus colegas, dirigidos por Takufumi Yanagisawa, de la Universidad de Osaka, emplearon una interfaz cerebro-máquina para decodificar la actividad neuronal de la acción mental necesaria para que un paciente mueva su mano "fantasma" y luego convertir el movimiento decodificado de la mano fantasma en el de la neuroprótesis robótica empleando técnicas de inteligencia artificial.


"Vimos que cuanto mejor consiguió su lado afectado del cerebro usar el brazo robótico su lado afectado del cerebro, peor era su dolor, ha relatado Yanagisawa. "El movimiento de la parte del cerebro está trabajando muy bien, pero no están recibiendo la retroalimentación sensorial, luego hay una discrepancia allí".

Entonces, los científicos alteraron su técnica para entrenar el lado "equivocado" del cerebro. Por ejemplo, un paciente al que le faltaba el brazo izquierdo fue entrenado para mover el brazo protésico mediante la decodificación de los movimientos asociados con su brazo derecho, o viceversa. Cuando fueron entrenados con esta técnica contraria a la intuición, notaron que su dolor se redujo significativamente.


A medida que los pacientes aprendieron a controlar el brazo de esta manera, aprovecharon la plasticidad -la capacidad del cerebro para reestructurar y aprender nuevas cosas- de la corteza sensoriomotora, lo que muestra una clara relación entre la plasticidad y el dolor. Aunque los resultados son prometedores, Seymour advierte que los efectos son temporales y requieren un equipo médico costoso para ser efectivo, aunque cree que un tratamiento basado en la técnica podría estar disponible dentro de entre cinco a diez años.






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