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La "Lluvia ácida" es un peligro para la humanidad

La lluvia ácida es una de las consecuencias de la contaminación atmosférica. Los gases procedentes de la quema de combustibles reaccionan con el oxígeno del aire y el vapor de agua, transformándose en ácidos que se depositan sobre la superficie terrestre a través de las precipitaciones. Esta acidificación del suelo y de las aguas superficiales tiene efectos devastadores sobre los ecosistemas y supone un grave peligro para los seres vivos.

¿POR QUÉ SE PRODUCE LA LLUVIA ÁCIDA?

Las erupciones volcánicas, los terremotos, los incendios naturales, los relámpagos y algunos procesos microbianos liberan dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno a la atmósfera. No obstante, es la acción humana la causante de la mayor parte de las emisiones de dióxido de azufre como consecuencia de la quema de combustibles en la industria y las centrales energéticas, así como de la mitad de las emisiones de óxidos de nitrógeno debido a los gases producidos por los vehículos a motor. Asimismo —y aunque en menor medida—, las explotaciones ganaderas intensivas producen amoníaco a partir de la descomposición de la materia orgánica.


Estos tres contaminantes, que pueden ser transportados a grandes distancias desde sus focos de origen, se oxidan en contacto con la atmósfera y dan lugar a la formación de ácido sulfúrico y ácido nítrico. Dichos ácidos se disuelven en las gotas de agua de las nubes y caen a la superficie terrestre mediante la denominada lluvia ácida, que puede presentarse también en forma de nieve o niebla.


EFECTOS DE LA LLUVIA ÁCIDA

El pH de la lluvia cambia al combinarse con el ácido sulfúrico y el ácido nítrico, por lo que cuando cae sobre el suelo y las aguas altera sus características químicas y pone en peligro el equilibrio de los ecosistemas. Es lo que se conoce como acidificación del medio ambiente, un fenómeno que tiene graves efectos:

  • Los océanos pueden perder biodiversidad y productividad. La bajada del pH de las aguas marinas perjudica al fitoplancton, fuente de alimento de distintos organismos y animales, lo que puede modificar la cadena trófica y conllevar la extinción de diferentes especies marinas.

  • Las aguas continentales también se están acidificando a un ritmo muy rápido, un hecho especialmente preocupante si tenemos en cuenta que, a pesar de que solo el 1% del agua del planeta es dulce, el 40% de los peces viven en ella. Dicha acidificación incrementa la concentración de iones metálicos —principalmente ión aluminio—, lo que podría ocasionar la muerte de gran parte de los peces, anfibios y plantas acuáticas de los lagos acidificados. Además, los metales pesados son desplazados hacia las aguas subterráneas, que dejan de ser aptas para el consumo.

  • En los bosques, el bajo nivel de pH del suelo y la concentración de metales como el aluminio impiden que la vegetación absorba correctamente el agua y los nutrientes que necesita. Esto daña las raíces, disminuye el crecimiento y vuelve a las plantas más débiles y vulnerables a las enfermedades y plagas.

  • La lluvia ácida también afecta al patrimonio artístico, histórico y cultural. Además de corroer los elementos metálicos de edificios e infraestructuras, deteriora el aspecto externo de los monumentos al depositarse sobre ellos. El mayor daño se produce sobre las construcciones calcáreas, como el mármol, que van disolviéndose poco a poco por el efecto de los ácidos y el agua.

¿CÓMO EVITAR LA LLUVIA ÁCIDA?

Puesto que es su principal causante, la solución al problema de la acidificación del medio ambiente está en manos del ser humano: para mitigar la lluvia ácida es imprescindible reducir las emisiones contaminantes. Algo para lo cual es necesario que exista un compromiso a nivel gubernamental y empresarial que impulse una serie de medidas:

  • Filtrar y desintoxicar el agua utilizada por las fábricas antes de devolverla a los ríos.

  • Reducir la emisión de gases contaminantes por parte de la industria.

  • Favorecer la producción y el uso de energías limpias, en detrimento de los combustibles fósiles.

  • Disminuir el consumo energético en las fábricas y empresas.

  • Potenciar la innovación y las nuevas tecnologías encaminadas a optimizar el consumo energético y desarrollar energías limpias.

  • Plantar árboles para que absorban el aire contaminado.

  • Concienciar a la población sobre la importancia de reducir el consumo de energía en los hogares.

  • Fomentar el uso del coche eléctrico y de otros vehículos no contaminantes, como la bicicleta.

Fuente: iberdrola

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