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La bebida radioactiva de moda que ‘despedazo’ la mandíbula de una golfista

Las modas, en ocasiones, pueden ser muy peligrosas. Bien lo supo el golfista amateur estadounidense Eben Byers, quien vivió en sus propias carnes (y huesos) el peligro que puede suponer la radiactividad. Era principio del siglo XX y untarse o consumir productos radiactivos estuvo de moda mucho antes de saberse que producía cáncer.

Byers, por desgracia, sucumbió a esta moda y murió con la mandíbula deshecha y con un cuerpo nada atlético, para lo que él había sido... Y todo por culpa de Radithor, una bebida radiactiva que le había recomendado un médico tras una lesión.


Hacía poco se había descubierto que elementos como el uranio, polonio, torio y radio compartían una característica: la radioactividad.


La moda de la radiactividad llegó a todas partes del día a día de la época, tal y como señala IFL Science. Desde la pasta de dientes radioactiva Doramad hasta unas tarjetas que se colocaban en los paquetes de tabaco para reducir el alquitrán y la nicotina, cosa que, por cierto, no era verdad. Así que los cigarrillos estuvieron envenenando doblemente a aquellas personas que añadieron las tarjetas radioactivas a sus paquetes.


La bebida radioactiva que prescribían los médicos

Radithor fue uno de estos inventos, en este caso una bebida radioactiva. Para Byers, un magnate del acero, mujeriego y golfista amateur; esta bebida radioactiva se convirtió en su amiga inseparable tras una lesión en el brazo. Fue en 1927, Byers iba en un tren y se cayó de la cama; por desgracia esta lesión le pasó factura en todos los ámbitos importantes de su vida: en el golf y en el sexo.

Byers llegó a tomar 1.400 botellas de unos 14 gramos cada una antes de caer gravemente enfermo


Muchos médicos de la época estaban comprados por el fabricante de Radithor, William J.A. Bailey. Este les ofrecía dinero por cada bebida que recetaban. Y así fue como Radithor y Byers se encontraron: su médico se la recetó para su dolor. El caso es que funcionó, puede ser porque el tiempo lo cura todo o por el efecto placebo, no podemos saberlo. Sin embargo, sí sabemos que este hecho hizo que Byers se convenciera de que esta bebida radioactiva tenía enormes beneficios y se volvió un fiel bebedor. Tomó 1.400 botellas de media onza (unos 14 gramos) de la nada barata bebida radioactiva. Por otra parte, también se encargó de enviarles cajas a amigos de negocios, ligues e, incluso, se la dio a sus caballos de carreras, relatan en IFL Science.


Hoy en día nos puede parecer que fue una peligrosísima moda la de usar materiales radioactivos para este tipo de productos y así es. Pero en aquel momento la situación era muy distinta. De hecho, las autoridades estadounidenses, según apunta este medio, llegaron a tomar medidas contra otra bebida que no había puesto suficientes elementos radioactivos o, al menos, en la cantidad que afirmaba su publicidad. Así de distintas eran las cosas entonces que la moda se aplaudía.


El fin de la moda...

Por suerte para nosotros, la moda se terminó. En 1931 saltó la noticia de que la radiación es nociva para las personas y los reguladores tomaron medidas. De hecho, a Byers le llamaron para ver si quería testificar en las audiencias; pero en ese momento estaba ya demasiado enfermo. En esos momentos ya llevaba unos años con pérdida de peso grave, dolores de cabeza y prácticamente se le habían caído todos los dientes. El hombre estaba muy enfermo y le dijo a su médico que había perdido "esa sensación de tonificación" y claro que la había perdido, sus huesos se estaban deshaciendo debido a la bebida radioactiva.

Así que cuando le pidieron testificar, Byers estaba demasiado enfermo y sin fuerzas. Pero decidió que enviaría una declaración a través de su abogado para que su caso se tuviera en cuenta. El abogado contó que a su cliente se le había tenido que extraer "toda la mandíbula superior, excepto dos dientes frontales, y la mayor parte de su mandíbula inferior". Además, el abogado informó de que "todo el tejido óseo restante de su cuerpo se estaba desintegrando y se estaban formando agujeros en su cráneo".


... y de Byers

El pobre Byers, que tenía cáncer de cuello, solo se enteró de que estaba en fase terminal unas semanas antes de morir. Falleció con 51 años y tan solo le quedaban seis dientes cuando le enterraron en un ataúd de plomo debido a la radioactividad.


foto de Eben Byers con la boca abierta (Fuente: Cult of Weird)


Eben Byers con su mandíbula construida quirúrgicamente en 1932 (Fuente: Imgur)

Fuente: hipertextual


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